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domingo, 9 de septiembre de 2012

LA TRÁGICA HISTORIA DE RUFINA CAMBACERES


CEMENTERIO DE LA RECOLETA,
 BUENOS AIRES, ARGENTINA


La bóveda de los Cambaceres


     La siguiente es una de las historias más trágicas y que más versiones tiene dentro del Cementerio de la Recoleta. Se trata del caso de la joven Rufina Cambaceres, quien falleció el día en que cumplía los diecinueve años, el 31 de mayo de 1902.

     Rufina era hija del escritor Eugenio Cambaceres y de la cantante italiana Luisa Bacicchi. Su madre, viuda, tendría años después otro hijo con Hipólito Irigoyen.
  
   Ese 31 de mayo se preparaba una gran fiesta en la mansión familiar, en el barrio de Barracas. Los festejos culminarían con una velada en el Teatro Opera. A la tarde una de las sirvientas descubrió el cuerpo sin vida de Rufina. se dice que su madre, desconsolada, decidió no velarla y que su hija fuera trasladada directamente a la Recoleta.

    En este punto es donde surgen las diferentes veriones: una dice que el cuidador de la bóveda notó al día siguiente que el féretro de la joven se encontraba ladeaado. Dado que es imposible que un cajón se mueva solo, decidió abrirlo y al llegar al cuerpo notó una expresión de terror en el rostro de Rufina: la joven sufría de catalepsia y su familia lo desconocía, así, falleció asfixiada. El interior del ataúd lucía todo arañado y con el raso roto.
     
     Otra versión dice que en realidad Rufina logró salir de su encierro después de mucho esfuerzo, y que finalmente murió de la impresión, agarrada de los barrotes de la entrada del cementerio.

     Una tercera interpretación menciona el hecho de que doña Luisa le solía colocar unas gotas de un somnífero a su hija para poder salir por las noches tranquilamente con su novio,  ¡que no era otro que el pretendiente de Rufina! 

     Por último, otros afirman que el féretro apareció roto por unos ladrones, que habían forzado el ataúd para robar las joyas con las que había sido inhumada Rufina. No se menciona en este caso el por qué de la muerte.

    Hay tantas versiones como guías de turismo cuenten la historia. Se mezcla tanto la leyenda con las diferentes versiones que incluso se suele decir que el festejo por el cumpleaños sería con una velada en el Teatro Colón, cuando este todavía no se había inaugurado.

     Lo concreto es que, según los libros de inhumaciones del cementerio, Rufina falleció de un síncope el 31 de mayo, y su cuerpo ingresó a la necrópolis al día siguiente, probablemente porque el día de la muerte ya se habían cerrado sus puertas.

    La primera versión es la que resulta más creíble. La catalepsia es el estado en que una persona yace inmóvil, aparentemente muerta, sin signos vitales, pero consciente. Si Rufina se encontraba en este estado dentro del féretro es de imaginar el sufrimiento que pasó al darse cuenta de que se había cerrado el ataúd y no volvería a ver la luz. La joven finalmente murió asfixiada en el cajón. Por esa razón muchos la llamamos "la joven que murió dos veces".

     En la segunda hipótesis es poco creíble la circunstancia de que se pueda romper un ataúd desde su interior, considerando el escaso espacio. Pero, de acuerdo con el Reglamento de cementerios de 1868, "todo individuo muerto repentinamente o con pocas horas de enfermedad será depositado en la sala de observación hasta cumplir treinta horas", justamente para prevenir un episodio como el de Rufina. Uno de los artículos indicaba que la tapa del ataúd debía cerrarse "flojamente, siendo prohibida toda clase de clavaduras". Así suena lógico que Rufina haya podido romper la tapa del ataúd, salir de él y morir finalmente de un infarto tomada dela reja de la puerta del ingreso al cementerio, muy cercana en ese momento a la sala de observación.

    Lo lamentable, y cierto, fue la muerte de la joven. Al año, el 31 de mayo de 1903, se inauguró la escultura que ornamenta el frente de la bóveda. Fue realizada por el artista francés Richard Aigner y fue la primera obra estilo art nouveau que se vio en nuestro país. No solo se realizó la estatua, sino que se cambió el féretro de la joven, que, sigamos la versión que queramos, terminó roto. El nuevo fue realizado en mármol blanco y se puede observar por la pequeña puerta de la derecha.














En la escultura se observa un ángel intentando abrir la puerta de la bóveda, la cual NO POSEE MANIJA PARA ENTRAR.



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Fuente: "Las mil y una curiosidades del Cementerio de la Recoleta", Diego M. Zigiotto.


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