TERROR EN LA WEB


MARAVILLOSA COLECCIÓN DE RELATOS REALES - FOTOGRAFÍAS MIEDO - TERROR - HORROR - SANGRE -

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viernes, 6 de marzo de 2026

El secreto del confesionario

 Un sacerdote mexicano contó en privado una experiencia que nunca hizo pública oficialmente.

Durante una confesión nocturna, un hombre entró al confesionario. Su voz era tranquila.

Comenzó a mencionar pecados… pero no los suyos.

Describió errores que el sacerdote había cometido años atrás. Pensamientos que jamás confesó a nadie.

Detalles imposibles de conocer.

El sacerdote quedó en silencio.

El hombre terminó diciendo:

—A veces creemos que estamos solos cuando pecamos.

La puerta se abrió. El confesionario quedó vacío.

No hubo pasos alejándose.

El sacerdote cambió de parroquia meses después.

Nunca volvió a confesar de noche.

Algunos secretos, cuando son nombrados, ya no pertenecen solo a quien los cometió.






jueves, 5 de marzo de 2026

La silla que no se detiene

 Un oficial respondió a una llamada desde una casa abandonada en las afueras del pueblo. El reporte indicaba ruidos y luces dentro.

Entró solo.

El interior estaba cubierto de polvo. Telarañas gruesas colgaban del techo.

En el centro del salón había una silla mecedora moviéndose suavemente.

No había viento.

El oficial avanzó con linterna en mano. La silla se detuvo cuando la luz la tocó.

Revisó cada habitación. Vacías.

Cuando volvió al salón, la silla estaba orientada hacia la puerta… como si lo hubiera seguido con la mirada.

Esa noche, la llamada desapareció del sistema. No quedó registro.

El oficial pidió traslado semanas después.

Nunca explicó por qué.




miércoles, 4 de marzo de 2026

El lote baldío

 Carla manejaba Uber en Ciudad de México desde hacía un año. Nunca había tenido problemas.

Una noche aceptó un viaje hacia una colonia poco iluminada. La dirección marcaba una casa específica.

Al llegar, solo había un lote baldío. Pasto alto, basura, una reja oxidada caída.

La aplicación mostró: “El pasajero ya está dentro del vehículo.”

Carla sintió un peso en el asiento trasero. No lo vio. Lo sintió.

El espejo retrovisor vibró levemente.

El viaje comenzó automáticamente.

En la pantalla apareció una nueva dirección, distinta a la original.

Carla no miró atrás. Condujo directo hacia una avenida iluminada.

Cuando el viaje se canceló solo, revisó el asiento.

Había una marca hundida, como si alguien hubiese estado sentado varios minutos.

La cuenta del usuario desapareció de la app al día siguiente.

Carla dejó de conducir en turnos nocturnos.






martes, 3 de marzo de 2026

El exorcista del Vaticano

 


El padre Gabriele Amorth fue exorcista oficial de la diócesis de Roma durante años. Afirmó haber realizado miles de exorcismos. Sus declaraciones están publicadas en libros y entrevistas.

En una de ellas relató el caso de un joven que comenzó a hablar latín antiguo durante una sesión. No lo había estudiado. Insultaba al sacerdote usando referencias teológicas precisas.

Amorth contó que, en cierto momento, la habitación se volvió helada y un crucifijo cayó al suelo sin que nadie lo tocara.

Muchos lo criticaron. Dijeron que exageraba.

Él respondió: “El demonio existe. Y actúa cuando se le permite.”

Hasta su muerte sostuvo cada palabra.

Quienes trabajaron con él aseguraron que después de ciertas sesiones sentían una presión en el pecho durante días.

No todos creen en posesiones.

Pero quienes estuvieron allí, jamás volvieron a dudar.

Fuente: entrevistas públicas y libros de Gabriele Amorth.







lunes, 2 de marzo de 2026

Las grabaciones prohibidas – El caso Anneliese

 


En 1976, en Alemania, una joven llamada Anneliese Michel murió después de someterse a múltiples exorcismos autorizados por sacerdotes católicos. El caso fue real y está documentado en registros judiciales alemanes.

Pero lo que más inquieta no es el juicio. Son las grabaciones.

Durante meses, los sacerdotes registraron en audio las sesiones. En ellas se escuchan gruñidos, voces superpuestas, frases en idiomas que la joven no había estudiado. La voz cambia. Se vuelve grave, áspera, inhumana.

Los sacerdotes afirmaron que varias entidades hablaban a través de ella.

Los médicos diagnosticaron epilepsia y psicosis.

El tribunal condenó a los padres y a los sacerdotes por negligencia.

Sin embargo, quienes han escuchado fragmentos de esas cintas dicen que es imposible permanecer indiferente. La respiración agitada. Los golpes contra el suelo. Las risas ahogadas.

¿Era enfermedad? ¿Sugestión colectiva? ¿O algo más?

Las grabaciones existen. Están archivadas.

Y hay personas que juran que, después de escucharlas completas en la noche, comenzaron a oír golpes en las paredes de sus propias casas.

Fuente: juicio estatal en Alemania, 1978.






viernes, 27 de febrero de 2026

El caso documentado de Gary, Indiana

 En 2011, la policía de Gary, Indiana, acudió a una vivienda donde una familia afirmaba estar poseída. El caso fue documentado por medios locales y registros oficiales.

Uno de los oficiales declaró que vio a un niño caminar hacia atrás por una pared antes de caer al suelo sin lesiones.

El informe policial existe.

Los trabajadores sociales que visitaron la casa también reportaron fenómenos extraños: luces que parpadeaban, voces en habitaciones vacías, objetos que se movían sin explicación.

El caso fue investigado por autoridades y terminó con la familia abandonando la vivienda.

Algunos sostienen que fue histeria colectiva. Otros creen que hubo algo más.

El oficial que redactó el reporte pidió traslado poco después.

Años más tarde, cuando le preguntaron si exageró los hechos, respondió:

—Escribí lo que vi. Nada más.





jueves, 26 de febrero de 2026

El tramo invisible – Ruta 50, Nevada

 


Tom Harris llevaba veinte años manejando camiones por Estados Unidos. Conocía cada curva de la Ruta 50, llamada “la carretera más solitaria de América”.

Una noche de invierno conducía solo, escuchando estática en la radio. A lo lejos vio una silueta en el arcén. Una mujer joven, descalza, con un vestido claro ondeando por el viento helado.

Frenó. Nadie debería estar ahí.

—¿Necesita ayuda? —preguntó.

Ella subió sin responder. Sus manos estaban frías, casi rígidas.

—Déjeme en el próximo cruce —susurró.

El silencio fue insoportable. Tom intentó hablar, pero cada palabra moría en el aire. Notó que la temperatura dentro de la cabina bajaba.

Al llegar al supuesto cruce, miró a su derecha.

No había nada.

Solo desierto.

Giró la cabeza hacia el asiento del pasajero.

Vacío.

Revisó el GPS. Ese cruce no existía en el mapa. Tampoco aparecía registrado en el recorrido.

Esa misma semana, otro camionero publicó en un foro privado que había recogido a una mujer en el mismo tramo. Mismo vestido. Mismo destino inexistente.

Desde entonces, muchos conductores evitan parar cuando ven figuras en la oscuridad.






miércoles, 25 de febrero de 2026

El viaje de las 3:17 a.m.

 Mauricio llevaba tres años manejando Uber en Ciudad de México. Sabía que después de las tres de la madrugada los viajes eran extraños: pasajeros callados, direcciones mal escritas, calles oscuras.

Pero nunca había tenido miedo.

Hasta esa noche.

La solicitud apareció exactamente a las 3:17 a.m. Punto de recogida: frente a un hospital viejo que había cerrado años atrás. Aun así, aceptó.

Cuando llegó, un hombre ya estaba esperando. Traje negro, camisa blanca, sin abrigo pese al frío. Subió al asiento trasero sin saludar.

—A la colonia Doctores —dijo con voz seca.

Durante el trayecto no habló más. Mauricio intentó ver su reflejo en el espejo, pero el rostro parecía borroso, como si la luz no lo tocara bien.

A mitad del camino sintió un olor extraño. No era perfume. Era humedad… como sótano cerrado.

Al llegar a la dirección indicada, Mauricio frenó y miró por el espejo para confirmar el destino.

El asiento estaba vacío.

Las puertas no se habían abierto. Nadie bajó.

El viaje seguía activo en la app. Marcaba “En curso”.

De pronto se completó solo. Pago en efectivo.

Mauricio bajó del auto temblando. La casa frente a él estaba abandonada, con ventanas tapiadas y grafitis antiguos. Un vecino salió y le dijo algo que le heló la sangre:

—Aquí no vive nadie desde que murió el doctor hace años. Se suicidó… regresando del hospital.

Mauricio nunca volvió a aceptar viajes después de las tres.







viernes, 10 de marzo de 2023

CUENTOS DE HORROR: "EVA"


 EVA

La muñeca era un objeto extraño y siniestro, con ojos de vidrio que...


Este cuento te llevará al escalofriante mundo de nuestro blog de cuentos cortos de terror y horror.

Allí te esperan relatos que te arrebatarán el aliento, te sumergirán en el abismo del terror y te harán temblar en cada página.

Prepárate para adentrarte en los confines más oscuros y perturbadores de la mente humana, donde el horror cobra vida y la oscuridad acecha en cada esquina.

Descubre los secretos más aterradores que se esconden en las sombras y prepárate para enfrentar tus miedos más profundos.

¡Únete a nosotros en este viaje escalofriante hacia lo tenebroso, horroroso y desconocido!


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domingo, 2 de septiembre de 2012

martes, 7 de agosto de 2012

NO APTO PARA CARDÍACOS































































Y PARA FINALIZAR LES DEJO UN 
RECORRIDO VIRTUAL COMPLETO DE UNA MONTAÑA RUSA.










sábado, 10 de diciembre de 2011

El tesoro escondido

El Tesoro escondido

Cuenta una antigua , que si en tu casa escuchás ruidos extraños, oís ruidos de cadenas o ves un espectro deambulando es porque cerca, muy cerca, hay un tesoro escondido. Esto le ocurrió a Dionisio. El y su familia se establecieron en una localidad llamada Campo Nuevo. Comenzaron a construir su casa y pronto empezaron a escuchar ruidos extraños, aullidos y voces misteriosas. En una ocasión una sombra empujó a Dionisio de su bicicleta unos metros, y en otra, un espectro, sacudió fuertemente un naranjo hasta hacer caer casi todos los frutos. Una noche escucharon un fuerte golpe en la puerta de entrada, Dionisio se levantó de la cama para ver que ocurría. Una sombra envuelta en niebla se paseaba por el frente de la casa. El miedo se apoderó de la familia y pensaron seriamente en abandonar la finca ya que no podían pegar un ojo en toda la noche. Se encerraban cuando llegaba la noche y no se animaban a salir hasta que saliera el sol.
Dionisio, que había escuchado la leyenda pero nunca había creído en ella, comenzó a pensar que seguramente había un tesoro escondido en su propiedad. Ellos eran humildes y un hallazgo de esa naturaleza podría dar lugar a una oportunidad de progreso para toda la familia. La casa había quedado sin terminar por falta de recursos La cosecha de algodón no había sido buena y apenas les alcanzaba el dinero para pagar la comida. Su mujer, Azucena lloraba y sus hijos querían mudarse. No soportaban la idea de convivir con esas presencias  Azucena, tenía un gallinero con varias gallinas, tres perros y dos gatos. Una noche en que los aullidos envolvieron la casa, escucharon cacarear a las gallinas, ladrar a los perros y maullar a los gatos con un vigor fuera de lo común.
Azucena, que estaba sola con sus hijos temiendo que algún espectro pudiera entrar a la casa, amontonó varios muebles contra la puerta. Al día siguiente tres gallinas, uno de los perros y los dos gatos habían desaparecido.
Los animales que se esfumaron eran todos blancos. Al fantasma por lo visto, no le gustaban los animales de color blanco. Dionisio que era muy valiente, al día siguiente compró una pala y comenzó a cavar. La finca era grande y avanzaba lentamente.
Entonces pidió ayuda a dos de sus primos y entre todos dieron vuelta el terreno con picos y palas. Los aullidos y las voces se agudizaban por las noches, su mujer quería marcharse con sus hijos, pero el entusiasmo y la valentía de Dionisio por descubrir las riquezas los calmaba por lo menos durante el día. Dionisio sabía también, por las historias que había escuchado hasta entonces que solo una persona debería encontrar el tesoro. La leyenda decía que si más de una persona veía el tesoro, este desaparecería ante sus ojos. Cansados de cavar estaban a punto de abandonar la búsqueda, cuando se les ocurrió mirar hacia unos arbustos. Una luz resplandeciente, mezcla de bruma y sol los envolvía. Los arrancaron rapidamente. Aunque estaban cansados continuaron paleando con entusiasmo. Allí encontraron un envoltorio hecho con sábanas de hilo ajadas y sucias. En su interior había una antigua ollita de hierro con tapa. Y dentro de la ollita un puñado de relucientes monedas españolas de oro.
Dionisio y sus dos primos contemplaron embelezados el hallazgo. No podían creer lo que estaban viendo. Al instante, la ollita y todo su contenido se transformó en carbón esfumándose de su vista. Dionisio haciendo caso a la antigua leyenda, les dijo a sus primos que se marcharan para continuar cavando solo. Esa noche no pudieron dormir. Los fantasmas golpearon las puertas y ventanas, sacudiéndolas con una potencia increíble. Era una fuerza sobrenatural que hacía temblar toda la casa. Al día siguiente, Dionisio tomó la pala y cavó más profundamente en el mismo lugar con la esperanza de encontrar algo más. En el mismo lugar apareció otro envoltorio. Era un baúl de madera envuelto con varias capas de tela. Seguramente sábanas, pero estaban deterioradas por la humedad y el paso del tiempo. El baúl estaba cerrado con un candado de hierro muy oxidado. Dionisio no tardó en quebrarlo con una tenaza. Al abrirlo se desplegó el fruto de tanto esfuerzo. El baúl contenía muchas alhajas. Había collares, diademas, aros y pulseras. Todos de oro antiguo. Muchos engarzados con piedras preciosas de maravillosos colores. Un tesoro de valor incalculable. En esta oportunidad estaba solo. Espero un tiempo para asegurarse que no desaparecería. El tesoro continuó ante su vista sin desaparecer tal cual narra la leyenda. Comunicó la noticia a su familia y a sus primos que alborozados festejaron el hallazgo. Las sombras y los aullidos se retiraron de la casa. Volvieron a aparecer las gallinas, el perro y los dos gatos. Los fantasmas ya no tenían que custodiar su tesoro. No sabemos adonde fueron a parar, seguramente se retiraron a descansar, después de tantos años de vagar en las sombras custodiando su fortuna. Hay infinidad de leyendas cuyo origen está centrado en la guerra del Paraguay. En ese entonces, ante el avance del ejército enemigo, familias enteras debían desplazarse dejando atrás sus propiedades y sus pertenencias. Como no podían llevar todo a cuestas, muchas familias optaban por enterrar sus tesoros en el campo para volver a recuperarlos cuando la guerra hubiera terminado. Estos consistían mayormente en monedas de oro y alhajas con piedras preciosas de altísimo valor. Llevarlos consigo también era un gran riesgo ya que estaban a la merced de rateros y ladrones. Muchos volvieron y desenterraron sus pertenencias, pero muchos otros murieron en la guerra y sus tesoros quedaron ocultos en el campo. Nuevas familias se establecieron y nadie sabía donde estaban ocultos esos tesoros. Pero dicen, que si por la noche se escuchan alaridos, ruidos de cadenas o ves sombras escondidas, es que el alma de los antiguos moradores están custodiando sus tesoros y si buscas bien seguramente encontrarás un tesoro escondido. Fin

viernes, 9 de septiembre de 2011

SAWNEY BEAN Y SU FAMILIA (historia verdadera)

     A pesar de que el siguiente relato está confirmado con tanta seguridad como pueda estarlo cualquier hecho histórico, resulta casi increíble, debido a las monstruosas crueldades de que trata. No hay nada que hayamos oído contar con las mismas garantías de certidumbre que pueda comparársele, ni que muestre con tan horribles detalles hasta qué extremos puede conducir a una persona un temperamento brutal, cuando carece del freno de la educación y el conocimiento del mundo.
     Sawney Bean nació en el condado de Easth Lothian, a unos trece kilómetros al este de la ciudad de Edimburgo, durante el reinado de Jaime I de Escocia. Su padre se dedicaba a recortar setos y a excavar zanjas, e inició a su hijo en la misma profesión. En su primera juventud se ganaba el pan cotidiano con aquel oficio, pero siendo muy inclinado a la vagancia, terminó por abandonar a sus padres y trasladarse a la parte deshabitada de la región, llevándose con él a una mujer de inclinaciones tan perversas como las suyas.
     La pareja se instaló en una cueva, cerca de una playa del litoral del condado de Galloway, allí vivieron durante más de veinticinco años, sin ir a ninguna ciudad, pueblo ni aldea.
     En aquel tiempo tuvieron un gran número de hijos y nietos, a los cuales criaron de acuerdo con sus propios hábitos, sin la menor noción de humanidad ni de sociedad civilizada. Nunca tuvieron ninguna compañía, y se mantenían a sí mismos robando, siendo, además, tan crueles, que nunca robaron a nadie sin asesinarlo previamente.
     Gracias a este método sanguinario, y al hecho de vivir tan apartados del mundo, transcurrió mucho tiempo sin que fueran descubiertos, no habiendo nadie capaz de sospechar cómo se perdían las personas que pasaban por el lugar donde ellos vivían. Después de haber asesinado a un hombre, una mujer o un niño, transportaban el cadáver a su madriguera, y allí lo descuartizaban y después se lo comían, éste era su único alimento, y a pesar de que llegaron a ser tan numerosos, normalmente tenían un exceso de aquella repugnante comida, de modo que amparados por la oscuridad nocturna solían arrojar al mar piernas y brazos de las desdichadas víctimas, procurando hacerlo a una gran distancia de la cueva en que vivían, aquellos miembros eran devueltos con frecuencia por el mar a la playa, en diversas partes de la región, y para asombro y terror de los que los descubrían, y de otros que oían hablar del macabro hallazgo.
     Las desapariciones se hicieron tan frecuentes, que provocaron un clamor general en toda la región, sin que nadie supiera qué había sido de sus amigos o parientes, si eran vistos por aquellos desalmados caníbales.
     La alarma fue en aumento, ya que no se podía viajar con seguridad por las proximidades de la madriguera de aquellos malvados. Fueron enviados espías a aquellos lugares, la mayoría de ellos no regresaron, y los que lo hicieron, después de llevar a cabo minuciosas investigaciones y pesquisas, no pudieron dar con las causas de aquellos misteriosos sucesos.
     Varios honrados viajeros fueron detenidos como sospechosos y ahorcados erróneamente con el apoyo de alguna prueba circunstancial. También fueron ajusticiados varios posaderos, sin otro motivo que el de haber alojado en sus posadas a algunas personas que posteriormente habían desaparecido sin dejar rastro. Se sospechó que habían asesinado a aquellas personas en sus establecimientos y enterrado después los cadáveres en lugares donde no resultara fácil descubrirlos. La justicia se ejerció con la mayor severidad imaginable, a fin de evitar aquellas frecuentes y atroces hazañas, hasta el punto de que muchos posaderos, que vivían en la zona occidental de Escocia, abandonaron sus negocios, temiendo correr la misma suerte, y buscaron otras ocupaciones.
     Esto, por otra parte, ocasionó muchos inconvenientes a los viajeros, que ahora encontraban grandes dificultades de alojamiento para pasar la noche. En una palabra, toda la región quedó casi despoblada.
     Sin embargo, continuaban produciéndose las desapariciones de súbditos del rey, de modo que todo el mundo llegó a admirarse de que pudieran producirse semejantes villanías sin que sus autores fuesen descubiertos. Ni uno solo de los que habían sido ejecutados confesó su culpabilidad en el patíbulo, por el contrario, afirmaron su inocencia hasta el último momento.
     Cuando los magistrados comprobaron la inutilidad de aquellas medidas, renunciaron a los procedimientos rigurosos, y confiaron en la Divina Providencia para la resolución de aquel horrible misterio.
     La familia de Sawney, entre tanto, continuaba creciendo, y cada uno de sus miembros, cuando la edad se lo permitía, ayudaba en la medida de sus fuerzas a perpetrar los horribles crímenes, que seguían impunes. A veces atacaban a cuatro, cinco o seis viajeros al mismo tiempo, pero nunca a más de dos si iban a caballo, eran tan precavidos, además, que tendían dos emboscadas, una delante de la otra, para evitar que alguno de los atacados pudiera escapar, si se había librado de los primeros asaltantes.
     El lugar en el cual habitaban era completamente solitario y, cuando subía la marea, el agua penetraba en una extensión de casi doscientos metros en su vivienda subterránea, que tenía casi dos kilómetros de longitud, de modo que la gente armada que fue enviada a investigar ni siquiera se había fijado en la cueva, incapaz de imaginar que algún ser humano pudiera residir en semejante lugar de perpetuo horror y oscuridad.
     El número de asesinatos cometidos por aquellos salvajes no llegó a conocerse nunca con exactitud, pero se calculó que en los veinticinco años que duraron sus fechorías habían lavado sus manos con la sangre de un millar de hombres, mujeres y niños, como mínimo.

     Su descubrimiento tuvo lugar finalmente en las siguientes circunstancias:
     Un hombre y su esposa, montados en el mismo caballo, regresaban un atardecer a su hogar después de haber visitado una feria, y cayeron en la emboscada de aquellos desalmados asesinos, que se lanzaron furiosamente sobre ellos. El hombre se defendió valientemente con espada y pistola, derribando a algunos de los asaltantes.
     En el transcurso de la lucha la pobre mujer cayó del caballo, e inmediatamente fue asesinada ante los ojos de su marido, ya que las mujeres caníbales la degollaron y empezaron a chupar su sangre con tanto placer como si fuera vino, después le abrieron el vientre y le sacaron las entrañas. El horrendo espectáculo hizo que el hombre redoblara sus esfuerzos para defenderse, sabedor de que si caía en manos de sus enemigos correría la misma suerte.
     Quiso la Providencia que mientras luchaba desesperadamente se presentara un grupo de veinte o treinta hombres que habían estado en la misma feria, y ante partida tan numerosa Sawney Bean y su sanguinario clan decidieron retirarse a su madriguera, cruzando un tupido bosque.
     El hombre, que era el primero que salía con vida de una emboscada de los implacables asesinos, contó a los recién llegados lo que había sucedido y les mostró el cadáver de su esposa, que los forajidos no habían podido llevarse. Todos quedaron estupefactos y horrorizados ante su relato, le llevaron con ellos a Glasgow y pusieron el asunto en conocimiento de los magistrados de la ciudad, los cuales informaron inmediatamente al rey.
     Tres o cuatro días más tarde, Su Majestad en persona, con un ejército de cuatrocientos hombres, salió para el lugar donde se había producido la tragedia, a fin de registrar el terreno palmo a palmo, tratando de localizar a aquellos seres diabólicos que desde había tanto tiempo venían siendo tan nefastos para las regiones occidentales del reino.
     El hombre que fue atacado era el guía, y se llevaron también un gran número de sabuesos, no omitiendo ningún medio humano que pudiera conducir a poner fin a aquellas crueldades.
     Sus primeras pesquisas resultaron infructuosas, no consiguieron encontrar ninguna vivienda, y a pesar de que pasaron por delante de la cueva de los malvados, no le prestaron atención y continuaron su exploración a lo largo de la playa, ya que la marea estaba baja en aquel momento. Por fortuna, algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e inmediatamente estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y gañidos, de modo que el rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y examinó la entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo se veía oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al ver que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a salir de la cueva, empezaron a imaginar que alguien debía vivir allí. En consecuencia, fueron en busca de antorchas y un numeroso grupo de hombres se aventuró en la caverna, a través de las más intrincadas vueltas y revueltas, hasta que por fin llegaron a la recóndita cavidad que servía de vivienda a aquellos monstruos.
     El espectáculo que se ofreció a la vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría olvidar mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres, mujeres y niños colgaban en ristras, puestos a secar, había muchos miembros en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata, relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.
     La familia de Sawney, en aquuella época, se componía de él mismo, su esposa, ocho hijos, seis hijas y, como frutos incestuosos, dieciocho nietos y catorce nietas.
     Todos fueron encadenados por orden de Su Majestad. Los soldados recogieron todos los restos humanos que pudieron encontrar y los enterraron en las arenas. Luego cargaron con el botín que habían reunido los asesinos y regresaron con sus prisioneros a Edimburgo.
     Sawney Bean y los miembros de su familia no respondieron de sus crímenes ante ningún tribunal, ya que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se habían mostrado enemigos declarados del género humano.
     Los hombres fueron descuartizados, les amputaron brazos y piernas y los dejaron desangrar hasta que les sobrevino la muerte al cabo de unas horas. Después de haber sido espectadores del justo castigo inflingido a los hombres, la esposa, las hijas y los nietos fueron quemados en tres hogueras distintas. Todos aquellos malvados murieron sin dar la menor señal de arrepentimiento, por el contrario, mientras les quedó un hálito de vida, profirieron las más horribles maldiciones y blasfemias.




Imágenes de la Caverna en Escocia
donde vivía Sawney Bean y su familia







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