Un sacerdote mexicano contó en privado una experiencia que nunca hizo pública oficialmente.
Durante una confesión nocturna, un hombre entró al confesionario. Su voz era tranquila.
Comenzó a mencionar pecados… pero no los suyos.
Describió errores que el sacerdote había cometido años atrás. Pensamientos que jamás confesó a nadie.
Detalles imposibles de conocer.
El sacerdote quedó en silencio.
El hombre terminó diciendo:
—A veces creemos que estamos solos cuando pecamos.
La puerta se abrió. El confesionario quedó vacío.
No hubo pasos alejándose.
El sacerdote cambió de parroquia meses después.
Nunca volvió a confesar de noche.
Algunos secretos, cuando son nombrados, ya no pertenecen solo a quien los cometió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor, dejame un comentario, quiero saber qué te pareció este cuento. Muchas Gracias.