Un camionero de Texas relató en un foro que durante varios meses vio a una niña reflejada en el retrovisor.
Nunca estaba cuando giraba la cabeza.
Cabello oscuro. Vestido antiguo.
Una noche, mientras cruzaba un puente, la vio más clara que nunca.
La niña movió los labios.
Él bajó el volumen de la radio.
—No frenes aquí —escuchó.
Continuó manejando. Minutos después escuchó por radio que un accidente múltiple había ocurrido en el puente, justo donde suele haber retenciones.
Desde entonces, cada vez que maneja de noche, evita mirar demasiado tiempo el espejo.
Dice que aún aparece.
Solo cuando conduce solo.
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