Un oficial respondió a una llamada desde una casa abandonada en las afueras del pueblo. El reporte indicaba ruidos y luces dentro.
Entró solo.
El interior estaba cubierto de polvo. Telarañas gruesas colgaban del techo.
En el centro del salón había una silla mecedora moviéndose suavemente.
No había viento.
El oficial avanzó con linterna en mano. La silla se detuvo cuando la luz la tocó.
Revisó cada habitación. Vacías.
Cuando volvió al salón, la silla estaba orientada hacia la puerta… como si lo hubiera seguido con la mirada.
Esa noche, la llamada desapareció del sistema. No quedó registro.
El oficial pidió traslado semanas después.
Nunca explicó por qué.
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